4 + 1 en Japón

lunes, noviembre 07, 2005

Destino: Kobe (Parte 1)

(Nota: tras intentar escribir algo en este blog desde el aeropuerto de Frankfurt y que la maquina se tragara un euro sin avisarme (con lo que no se quedo nada grabado) escribo ya desde Kobe, aunque poniendo la hora a la que deberia haber sido enviado esto, y de momento en un ordenador sin tildes ni "egnes", o sea, esa letra tan tipica en Espagna.)

Se acabo la cuenta atras.

Estoy en el aeropuerto de Frankfurt, con una espera por delante de cuatro horas hasta que salga el vuelo para Osaka, a 30 min. de Kobe.

La llegada ha sido apoteosica. Intentare resumirla:

- Todo empezo durante el banquete de boda de Nohe y Jose, hace escasamente 12 horas -otro dia, si me acuerdo, os hablare del sermon del cura-. En un momento indeterminado se me ocurre que seria interesante acercarme al cajero para coger dinero y cambiar yenes en el aeropuerto para cualquier emergencia. El cajero, sin embargo, piensa que no es tan buena idea y decide quedarse con la tarjeta. Llamo al numero de Cajamadrid y un chico muy amable me dice que verdes las han segao. Que no puede hacer nada excepto bloquear la tarjeta y enviarme una nueva a la direccion que les consta (o sea, casa de mi madre) en un plazo de 7 dias. "Eso es imposible", le comento, "salgo en unas horas para Japon. No pueden enviarmela a Japon?" Negativo. Tendra que enviarmela alguien por mensajeria urgente o algo asi.

Me cabreo. Respiro. Sigo cabreado. Vuelvo al restaurante, donde Soraya me deja su tarjeta para sacar dinero y no irme en blanco. Tras eso y encontrarme en la calle con Boadella (le felicito por el estreno del otro dia y charlamos unos minutillos) me sereno, momentos de risas con la gente, lagrimitas dulces con Laura e Iria, despedida de todos, besitos dulces con Soraya (ya os he contado que la echare mucho de menos, verdad?) y llego a casa de mi madre, donde me va a buscar un taxi que me deja en el aeropuerto.

En el mostrador de Lufthansa me informan de que llevo exceso de equipaje: 4 kilos de mas. Tengo que dirigirme a otro mostrador en el que me cuentan que con destino Japon cada kilo de mas cuesta 60 euros. No solo no pienso pagar 240 euros, sino que aunque lo pensara no tengo tarjeta para pagarlos. Me sugieren que acuda a la consigna a dejar cuatro kilos de lo que sea. Al llegar a consigna me informan de que el plazo maximo de dejar cosas alli es de 15 dias, pero que puedo dejar una autorizacion para que alguien recoja cosas en mi nombre. La llave de la consigna, en cambio, no puedo dejarla junto con la autorizacion, con lo que tengo ahora la llave en el bolsillo, y Soraya, cuando llegue, tendra que pagar 15 euros como si hubiera perdido la llave.

Tras dejar 4 kilos de cosas, vuelvo a facturacion y ahora si. El vuelo ha sido agradable, pero, si aceptais un consejo de amigo, no intenteis dormir en un avion de Lufthansa destino Frankfurt a las 6.00 a.m. si medis 1,92 m.

Resumiendo: tengo un suegno que aterra, y una espera por delante, como ya he dicho, de cuatro horas hasta que salga el vuelo para Osaka, a 30 min. de Kobe. Menos mal que un segnor o segnora (desconozco su nombre) invento un cacharrito llamado Ipod y que gracias a eso Mahler me acompagna mientras escribo estas lineas, esperando que no se me pase la hora, cosa que, por otro lado y viendo el dia que llevo, no me extragnaria.

Por cierto, no os he dicho que se le ha acabado la pila a mi reloj, verdad?

1 Comments:

At noviembre 08, 2005 1:15 a. m., Blogger C. Fapresto said...

No hay viaje sin incidentes. Si después de leer a H aún hay quien no lo cree no tiene más que remitirse a cualquiera de los millones de ejemplos que la literatura, el cine, la pintura y hasta la arquitectura nos ha dado. Desde Marco Polo a Titanic, pasando por Robinson Crusoe o Aterriza como puedas, no hay viaje tranquilo.
¿Cómo va a existir tal cosa si hasta para ir a trabajr hay que atravesar atascos y "cienes" de incidencias?
Así las cosas tu viaje no ha estado tan mal, querido H. Ha sido casi pacífico, incluso.
Lo importante es que estás allí, y puedes empezar a buscar los aspectos positivos de las malas casualidades acaecidas a propósito del viaje. Para empear es casi una bendición estar allí sin la tarjeta de Cajamadrid. Creeme, es mejor no tenerla.
Por otra parte, debido a tu partida hubimos de lamentar mucho tu ausencia al final de la boda. Ya conocerás los detalles por medio de tu sagrada esposa.
Para terminar, hablando -de nuevo- de la boda, perdona las palabras del sacerdote, porque no sabe lo que hace.

 

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