4 + 1 en Japón

jueves, noviembre 24, 2005

Felicidad domestica

El 23 de noviembre es festivo en Japon, pues se celebra algo asi como "el dia de dar gracias por el trabajo". Asi que no he tenido que trabajar. Hace unos dias, ademas, Santi me dijo que su profesora de caligrafia me invitaba a pasar la tarde en su casa para que pudiera conocer algo que seguramente no podria conocer como turista al uso: la vida domestica de una familia normal japonesa.

Antes de proseguir es necesaria una puntualizacion: ni esta mujer ni su marido ni nadie de su familia me conoce de nada, ni me habian visto la cara hasta que apareci en la puerta de su casa. Solo sabian que yo soy un profesor español que ha venido a Japon a ayudar a unos japoneses a los que, por cierto, tampoco conocen. Cuando se enteraron, gracias a Santi, de que me gusta mucho el sushi, dijeron "pues que venga y asi comemos sushi y puede ver como lo hacemos aqui". Para mas inri, ellos no hablan otro idioma mas que el japones, con lo que el bueno de Santi fue nuestro traductor las ocho horas que estuvimos alli.

Tomamos un autobus a media mañana y llegamos alli a eso de las dos, pues no viven en el mismo Kobe. Cuando llegamos, lo primero que me dicen es "donde se ha quedado tu mujer? en el hotel?", a lo que Santi contesta que no, que Soraya no ha venido a Japon. La mujer me dice que que lastima, pues tenian preparada una sorpresa para ella pensando que le gustaria. Y es que ellos son muy tradicionales y les gusta, en ocasiones especiales, vestir bien. Con lo que me hicieron pasar a una habitacion (decorada a la usanza tipicamente japonesa, con tatami en el suelo y biombos de papel) en la que, de una de las paredes, colgaban los dos kimonos mas maravillosos que he visto en mi vida. "Creiamos que le haria ilusion probarse un verdadero kimono japones y pasar la velada con nosotros vestida con kimono". Ya digo que son los suyos, los de dias especiales. La simple nocion de que, aun sin conocernos, habian dispuesto tal despliegue, me acaricio un poco la mariposilla esa que tenemos dentro.

"Pero vamos para dentro", y entro al salon -una casa preciosa- donde me cuentan que el marido, como hobby, se dedica a hacer mascaras de teatro Noh. "Te voy a enseñar alguna", dice, y al rato viene con una maravillosisima mascara como nunca las habia visto. Porque yo, por ejemplo, he trabajado commedia dell`arte y conozco las mascaras de cuero, que por norma acaban en los pomulos, con lo que la boca queda libre para ganar gestualidad. Por eso creia que las mascaras de madera -mas rigidas que el cuero y de rostro completo- serian mas inexpresivas, mas asepticas. Y una porra. Tengo ante mi una mascara increiblemente tallada a mano y pintada por el mismo. Le gusta darles un acabado para que parezca que son antiguas, como si ya hubieran sido usadas. Y me quedo ojiplatico, como diria alguno que yo me se: esta representa a un dios bondadoso y bonachon que aparece sobre todo en año nuevo. Pregunto "puedo probarla?", y me contestan que adelante, estas en tu casa.

(Se que las fotos no son muy buenas y no registran al completo la infinita gama de gestos que de cerca o de lejos transmiten. La iluminacion no era muy buena y yo soy un fotografo bastante mediocre. En fin, no se puede tener todo en esta vida.)

Observo la mascara, miro sus ojos vacios que van a ser rellenos con los mios a cambio de que ella me ceda sus rasgos por un momento. Es una persona. Sus arrugas, sus pensamientos, sus quehaceres, sus murmullos... estan delante de mi. Solo tengo que calzarla en mi cara y ya esta. Con mucho respeto, casi pidiendo permiso a la propia mascara (pues es un dios anciano y aqui a tanto a los dioses como a los ancianos se les tiene en muy buena estima) la giro. Observo el enves con detenimiento. Hacia años que no me sucedia algo asi. Porque ponerse una mascara no es atarse la goma y ya esta. En absoluto. Es un gesto casi mistico, en el que por unos instantes vas a cambiar tu cara, que es lo mas propio, lo mas individual y lo mas genuino que una persona tiene para identificarse ante los demas. Todas esas señas de identidad van a borrarse de ti, y la gente que te vea solo va a saber de ti lo que la mascara quiera que sepan. A cambio, que no es poco, la mascara gozara de una vida de la que no siempre sabe lo que es, convirtiendose mi cuerpo en su alma. Es, pues, un trato entre mascara y actor. Y en Japon los tratos no se pueden cerrar en dos segundos.

Observo, pues, el enves. Y llega por fin un segundo en que siento que no hay problema, que puedo seguir adelante. Con calma (yukkuri, que dicen aqui) la instalo en mis rasgos, y compruebo, como no sospechaba, que encaja perfectamente. Que el hueco de la nariz, el de los pomulos... sirven de calza a mi nariz, a mis pomulos...

Nunca consegui, al probarme en una zapateria, un zapato que me sentara tan bien a la primera. Asombroso.

Me miro en el espejo. Y ya no soy H. No se lo que soy, por supuesto, pues no conozco al personaje que estoy encarnando, aunque sea de un modo tan informal. Pero mi cuerpo quiere hacer otras cosas y probar otras posturas.

Magia. La del teatro y sus misterios.

Pido a Santi que intente expresar la emocion tan profunda que siento ante una experiencia asi, y el marido, complacido por que un occidental disfrute tanto con algo que a ellos les supone sus raices, sale por la puerta para volver con otras cuantas en las manos. Vuelve a salir y vuelve a traer mas, y repite la operacion hasta traer del orden de unas 25. "Todas hechas por mi", aclara. "Tengo hechas mas, pero no estan aqui sino en el taller donde las pinto." Y yo me quiero poner a saltar, pero me parece mas cauto inclinarme ante la mesa baja donde estan todas y comienzo a contemplar todas y cada una. Me traen libros para que conozca los infinitos tipos de mascaras, y mientras yo desgrano los pocos conocimientos que tengo sobre mascaras italianas (a saber, que son de cuero para facilitar que sean mas flexibles para los desplazamientos en carro de los comicos, que suelen tener rasgos animales...) el buen matrimonio me van indicando las caracteristicas de cada una de ellas. Asi descubro que mientras que en Italia existe la mascara del criado, la del viejo, la del soldado, la del doctor..., todas ellas con sus pequeñas variaciones contextuales, aqui cada personaje tiene ya una historia determinada que de algun modo queda indicada en la mascara. De ahi "el pescador que por ser avaricioso murio cayendo al agua", "la mujer joven que se emborracha por primera vez", "la mujer que esconde un secreto con el que pretende hacer daño", "el guerrero noble que acaba de perder en la batalla"...

Y no se quien esta mas emocionado, si yo ante lo que tengo delante o ellos, nobles anfitriones que han conseguido la felicidad del invitado. Pruebo y pruebo mas mascaras, observo con detenimiento cada una. Me cuesta pensar cual me gusta mas. Creo que la que mas me impresiona es la de "la persona marginada de los demas" que esta mas morena que los demas porque indica que no esta en casas de gente, sino siempre al sol. Me la pruebo (es esta con la que me veis a la derecha) y al mirarme en el espejo me doy pena a mi mismo. Quiero abrazarme y consolarme. Pero no es necesario. La mascara ya esta feliz por vivir y expresar lo que queria.


Tras cerca de hora y media (ad)mirando las mascaras las retiramos a un lado (con mucha devocion, por supuesto), y la mujer nos hace saber que la cena esta preparada. "Pero yo creia que ibamos a ayudarla a hacer sushi para asi aprender como se hace", digo a Santi. Y en esto que ella aparece con una fuente con hojas de alga Nori en trozos pequeños, fuentes de arroz de sushi y cientos de cosas para incluir dentro de los rollitos. Para que os hagais una idea, se trata de hacer como con los burritos (o son las fajitas?) en los restaurantes mexicanos: te coges tu alga, le pones arroz, te lo preparas de lo que quieras, lo envuelves, lo mojas en soja y para adentro. Para los amantes del picante esta el wasabi, que es una crema hecha de rabano picante. Es demasiado para mi, la verdad. Yo me quedo disfrutanto de ingredientes que no pensaba que podian ir bien con el sishi, como la hoja de roble o los esparragos trigueros. "En el sushi cabe todo, no tiene por que haber unas normas fijas". Adjunto foto de la fuente para que sepais de lo que hablo. Sobro comida, claro, pues eramos cuatro y ellos pensaban que ibamos a ser cinco con Soraya.

No me extraña que aqui no haya obesos. Ni colesterol, imagino. Que comida mas sana y mas deliciosa, madre de Buda.

Tras la opipara sesion sushiaca, te verde (nunca puede faltar) y cafe, todo ello regado con una exquisita conversacion acerca de las diferencias culturales entre Japon y España, y en como estamos asistiendo a una "desvalorizacion" de las sociedades en las que parece que solo interesa lo nuevo mientras que aquello que supone tradicion es algo mal visto y retrogrado. "Que me va usted a contar a mi", pienso, "que no he ganado el premio Lope de Vega de teatro a pesar de escribir una obra de teatro en verso siguiendo los patrones de Lope de Vega". Y me sonrio para mis afueras porque, a fin de cuentas, premios hay muchos pero cenas como estas muy poquitas.

Quien me iba a decir a mi hace un mes que, a dos continentes de casa, iba a hallar tanto cariño y comprension entre tres personas a las que no conocia hace dos semanas. Que grande es el mundo. Y que pequeñas nuestras miras.

5 Comments:

At noviembre 25, 2005 9:01 a. m., Blogger papifila said...

Bellísima crónica la que nos envias sobre las máscaras japonesas. Unamos a esto la no menos detallada e interesante sobre el Barrio Chino, donde dejas corto al gran Julio Verne en "Las tribulaciones de un chino en China", o sea toda una gozada.
Esta claro que te lo estás 'currando' a base de bien. No te pierdes nada. Aprovecha y cuenta.
Aquí llevamos unos días hablando de un tal franco que murió en la cama hace como treinta años y nos vienen recordando la llegada al trono de un rey de la dinastia (cuantas dinastias han pasado por Japón?) de los borbones y el muy bribon (lo de bribón lo digo por un yate que posee/poseía y así se llama/llamaba) viene en decirnos que 'seguiré dando guerra'.
Hace mucho frio y hay como un tufillo de ambiente navideño, aunque nadie tiene un duro.
Cuidate mucho, mucho. Ya te queda poco y todos deseamos tenerte pronto entre nosotros.
Besos muchos.
Papi Fila

 
At noviembre 26, 2005 8:53 a. m., Anonymous Anónimo said...

Saludos Ernesto!
Veo que tampoco has perdido el tiempo esta semana por Cipango. Una vez leidas tus últimas crónicas, descubro que tendría complicado el alimentarme por alli... pero al fin y al cabo, ¿Como explicarles a ellos lo importante que es para mi una vuelta de chorizo soriano?. Pues viceversa, me aplico el cuento.
Geniales las máscaras, gracias por las fotos, me importa un carajo que no sepas de fotografía, yo no tengo ni idea de teatro ni máscaras, pero no había visto unas así en mi vida.
Un abrazo,
Tozolón de Numancia.

 
At noviembre 26, 2005 2:17 p. m., Blogger Hervé Menard said...

Finalmente:

http://www.elpais.es/suple/babelia/index.html

Besos.

 
At noviembre 26, 2005 7:01 p. m., Blogger C. Fapresto said...

¡Enhorabuena, oh irreductible comedor de sushi!
Te felicito por los momentos que tanto estás aprovechando y disfrutando. Vayan por delante mis mejores deseos para el resto de tu estancia en Nippon (aquí todo el mundo llama a Japón como le place, y yo no voy a ser menos)
Quisiera incluír algún comentario mordaz,irónico o "chinchante" (vulgo dixit) por aquello de la crítica y todo eso, pero en lugar de eso tengo una pregunta: Dices en tu crónica "En el sushi cabe todo, no tiene por que haber unas normas fijas". La cuestión es ¿Y si probamos a incluír unas fabes con chorizo y morcilla, sería sushi? La duda me corroe porque ayer me comí un bocadillo de algo que me dijeron que eran calamares, pero que más parecían un montón de fideos gordos refritos ¿Sería suhi acaso, y me lo comí sin saberlo?
Esperando su pronta respuesta se despide su devoto admirador, póngame a los pies de su señora, etc...

 
At noviembre 11, 2007 8:19 a. m., Blogger Eder said...

Me parece que el mundo se equivoca, y al vivir experiencias como esta queda demostrado que es mas facil vivir de lo que nos da la vida, que vivir con lo que queremos quitar de ella.
Las cosas mas gratificantes del mundo vienen del compartir entre seres vivios al final todos venimos de un ser
AMOR PARA EL MUNDO

 

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