4 + 1 en Japón

lunes, noviembre 28, 2005

La belleza que nos sobrevivirá

(Escrito para el Diario de Alcalá del dia 2 de diciembre, con motivo del aniversario del nombramiento de Alcalá de Henares como Ciudad Patrimonio de la Humanidad.)

Desde hace un mes me encuentro en Japón, invitado por la Universidad de Kobe para dirigir unos entremeses de Cervantes (a saber, La guarda cuidadosa, El juez de los divorcios y El viejo celoso). No quería, sin embargo, dejar de conmemorar el séptimo aniversario del nombramiento de Alcalá como Ciudad Patrimonio. Así que aquí me encuentro, a siete mil kilómetros de casa, ocho horas más tarde que todos ustedes, escribiendo estas líneas desde el delicioso templo de Ginjaku-ji, en la eterna ciudad de Kyoto. A estas alturas de la película ya sabrán ustedes que Kyoto fue la ciudad en la que se reunió el comité de la Unesco que aquel 2 de diciembre pensó que Alcalá merecía figurar entre los principales entornos culturales de nuestro planeta.

En estas cuatro semanas he tenido la suerte de poder hacer turismo, y si algo he podido aprender es que quizás la belleza no es el motor que mueve el mundo, pero sí el poso que permanece después de todo lo demás. Quiero decir que en nuestro día a día se está haciendo cada vez más fuerte el odio generalizado, el mal rollo porque sí, la tensión ineludible, el ruin stress que nos corroe, la mala educación, la lucha por la lucha, el sí porque sí o porque no. Pero el hombre no puede sentirse siempre cansado de estar vivo, y en su intento fugaz por huir de la corriente tenebrosa descubre algo (cada cual lo suyo) que le habita, le complementa y le resume. Y así llegamos a la belleza, pues lo que ha caracterizado al Ser Humano a lo largo de la Historia (y hablo de Seres Humanos con mayúsculas y no de hotentotes militarizados que sólo respiran al ritmo de las guerras, que de todo ha habido en este cielo no siempre azul) ha sido la búsqueda permanente de la Belleza, sea aquí en Kyoto, allí en Alcalá, o en Roma, en Écija, en Boston o Port Moresby. El concepto de Belleza ha ido cambiando a lo largo de los siglos y los lugares, claro, pero que Rubens se hubiera espantado ante las obras de Modigliani o Tomas Luis de Victoria ante las sinfonías de Mahler no cambia nada. No es un tema que tenga que ver con religiones, culturas, nacionalidades, vivencias esotéricas u otras zarandajas. Hablo de que la Belleza, también con mayúsculas, ha sido, es y seguirá siendo una búsqueda innata del Ser Humano: todas las culturas dejan tras de sí una huella que los identifique en un futuro quizás no tan lejano, cuando hayan muerto todos aquellos que vieron cómo se iba levantando aquella obra. Esas huellas, casi siempre dignas de ser recordadas y conservadas, representan el Patrimonio de la Humanidad, que, como bien indica la Unesco, “es nuestro legado del pasado, con el que vivimos hoy, y lo que dejaremos a las generaciones futuras”.

Ahora bien: es tal la amenaza que nos inflige la fealdad absoluta que nos rodea que se ve urgente contraatacar con belleza. Porque no siempre tenemos el tiempo necesario para visitar una catedral gótica o para escuchar a Brahms o para leer a Garcilaso. Ojalá lo tuviéramos, por supuesto. Pero ya que no es así, saquemos de una vez y sin pudor lo bello que hay en nosotros mismos. Me refiero a las palabras tiernas, los exquisitos modales, los buenos momentos compartidos con nuestros más cercanos, el intento cotidiano de ayudar al prójimo sin más, el cambiar la descalificación gratuita por un intento de conversación, el apagar el claxon para siempre, el sonreír sin motivo aparente, el buenos días, el buenas tardes, el buenas noches, el qué guapa vas esta mañana, el qué suerte tenerte a mi lado, el necesita usted algo, el déjeme que le ayude por favor, el gracias cómo se lo agradezco... Todo eso forma parte también -y cómo- de la Belleza. Y todos somos, de algún modo, bellos. O al menos eso quiero creer. A fin de cuentas, ¿qué es el amor sino el deseo de ser uno con aquello que consideramos bello?.

Por eso, porque no seríamos nadie sin ella, hagamos un trato: procuremos desde hoy, o al menos hoy, entregarnos al gozo indescriptible de ser felices y hacer felices con la Belleza, con la de cada uno de nosotros. Porque no cuesta nada y vale mucho. Porque cuando ya no estemos aquí, será ella quien nos avale y nos haga ser recordados. Porque también nuestra propia e intransferible Belleza es lo que dejaremos a las generaciones futuras.

Feliz día de Patrimonio. Feliz día de la Belleza.

4 Comments:

At diciembre 02, 2005 1:00 AM, Anonymous elena said...

tu si que eres bello...y por supuesto estaras en nuestros corazones por toda la eternidad...besos

 
At julio 17, 2006 6:04 PM, Blogger qïp said...

Acabo de leer tu blog un poco a la manera de Rayuela (libro que nunca me ha terminado de gustar, pero igual es que tengo mal gusto).

Solo decirte que me ha gustado mucho leerte a pesar de la envídia que me ha corroido. Solo lo he podido superar pensando que en cualquier momento voy a ir con todos mis sentidos abiertos para que Japón impregne cada poro de mi ser. Mi pequeña Ítaca, aunque no haya nacido allí. Mi viaje soñado desde siempre.

En fin, cada vez más cerca. Un abrazo y que sigas tan enamorado de tu chica y tu trabajo como se desprende de estas palabras que tuviste a bien dejar aquí para todos nosotros.

 
At abril 03, 2007 12:58 AM, Anonymous Anónimo said...

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At septiembre 05, 2007 8:19 AM, Anonymous Andrea González said...

hola, me gustaría mucho que pudieras comentar más acerca de la belleza en Japón, sobre todo del concepto de belleza de las mujeres, ya que estoy haciendo actualmente un trabajo sobre ello para mi univesidad en la ciudad de monterrey, México, creo que es importante la opinion de personas externas al país no solamente saber lo que piensan los japoneses si no tambien gente de otros países.
te dejo mi correo por si gustas enviarme algo interesante de la belleza en japón.
andrea_gzz23@hotmail.com

 

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